El mundo que pereció, una impresionante continuación de El diluvio del Génesis (por John C. Whitcomb y Henry M. Morris), irradia una fe inconmovible en la autoridad de la Palabra de Dios. Whitcomb sostiene con vigor que la Biblia declara y afirma un diluvio catastrófico sobrenatural de proporciones mundiales, declaración que es corrobada por las observaciones científicas que no están tergiversadas por un prejuicio uniformista en lo referente a la geología. El mundo que pereció incluye también 22 ilustraciones y fotografías.
The World that Perished maintains with vigor that the Bible declares and affirms a supernatural, catastrophic flood of worldwide proportions. This declaration is corroborated by scientific observations that are not warped by a uniformitarian bias in geology.